Es el nombre que le di
a una perra enorme
que me recibió a lametazo limpio
a la puerta
de la casa que durante siete años
nadie había visitado.
Desde que murió mi madre.
Pensé,como suelo,
un millón de cosas sobre ella.
Nada coincidió
con la realidad.
Canela sabía muy bien
cuando su amo viajaba
y como la encerraba
en un recinto
hasta que volviera.
Desde luego
no la faltaba de nada.
Mi canela ama tanto la libertad
como la amiga que se encontró.
Y burlando al propietario
en el preciso momento
desapareció.
Mejor señal y augurio
de mi estancia en el lugar
no pudo ser.
Me rechazó la comida.
Al parecer su propietario
conociendo sus mañas
dejaba fuera suficientes alimentos
como para que sobreviviera.
Solo quería amor.
Sus lametazos,al principio,
no me hacían demasiada ilusión
pero sucumbí
a sus arrebatadores ojos.
Llegó la noche
y allí se plantó Canela
a la puerta de mi casa
haciendo de fiel centinela.
Al día siguiente,
cuando sonó la bocina
del panadero
pude escuchar
toda clase de improperios
contra Canela y su propietario.
Al parecer
como se la hacía pesada
la tarea de custodia
de vez en cuando
se daba una vuelta por el pueblo
revolucionando
a los demás perros
que no paraban de ladrar.
Al parecer también
nadie pudo pegar ojo.
Cuando apareció
el él 2...... sefiní.....
como por arte de magia
desapareció Canela.
Dorita.
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