Y allí se presentó
entrando
sin llamar.
Las puertas,
en el pueblo donde naciera,
siguen estando abiertas.
Se sentó en el sillón
del comedor.
Yo en una silla.
Comenzó la charla diciendo
que venía solo para verme
pero que no íbamos a hablar
de nadie,
solo de nosotras.
Con regocijo aceptado.
Y comenzó la charla....
Ella:
"Con lo bien que nos hemos portado
con la ella1,
cuando murió su marido
el mío y yo
la ayudamos a recoger sus frutas
a prepararlas,
a vendérselas.
Nadie puede ni imaginar
todo lo que hemos hecho
por ella.
Y verás.
Estábamos.....
al lado de una cuba
de esas antiguas
en las que mi abuelo
tenía el chacolí.
Y va y dice:
¿que vas a hacer con la cuba?.
Respondo:
E
sta bien donde está
y ahí se quedará.
¿Y te puedes acaso imaginar
lo que pasó?....
pues que se la llevó.
Y está en su casa
y no en la mía.
Mira .....
empiezo a pensar
que si ese él
que cuida la fruta
te contó lo que te contó
puede que tenga razón.
Santo cielo.....
¡y más de diez años
hablando ella2 de las bondades
de ella1...
y dejando por mentirosas
a las quejumbrosas de su conducta!.
¿Que podía yo decir?...
Mira....
te lo cuento a tí
porque me tengo que desahogar
y no se lo puedo contar
ni a mí marido.
Pero....
no es mala.
Pero....
¿quien dijo alguna vez
que era mala?.
Solo dijimos.....
que necesita un psiquiatra.
Con un ....
"me marcho al monte...
salo de mi casa
la dejo sentada en el sillón
de mi casa.
Se terminó
la conversación.
Dorita.
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