El agua volvió.
Desbordandolo
lleno las acequias que lo flanquean.
Alcanzó,
a un otro segundo,
la música del correr alegre de los regatos.
El canto de estos arroyos
sonaba a fiesta.
Animando
a un brillante mundo
que no pasó desapercibido
ni a mis ojos,
ni a mis oídos.
Dorita.
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