Cuando me dió
por imaginar demasiado,
dejé de reconocerme.
Llegó el momento de aprender
hasta donde es capaz de llegar.
Ella
no quería perder sus dominios.
Establecimos
una descarnada lucha,
de la que salí airosa.
Nunca olvidaré
su fuerza y su astucia.
Dorita.
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