Tiene jardines
de plata y de rubí,
donde las niñas sensatas
disfrutan del alhelí.
Las avenidas se ensanchan
en un infinito esmeralda.
Flanqueadas
por cedros del Líbano.
Jalonadas de guirnaldas.
El corazón de las niñas
salta de gozo y placer.
Es que dicen que escucharon
el trino de un ruiseñor
Dorita.
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