Han de andar
pletóricos los trigales.
El agua
cae a raudales.
El Sol
encuentra su momento
para su fecundo encuentro.
Han de cuajar y engordar
las espigas.
Todas ellas, en unidad,
logran ese claro azul Prusia
que el paisaje nos regala.
Un no sé qué
de magia,ternura
y porque no de trascendencia.
Dorita.
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