Es la vida,
en su estado más puro,
quien enseña
a las abuelas a ser
lo excelente personas
que son.
Tienen una segunda oportunidad.
No cometer con los nietos
los errores
que cometieron
con los hijos.
Es difícil
que hijos y nietos
coincidan
en las apreciaciones
sobre ellas.
Dorita.
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