Una de las cosas
qué fascinaba,
a las mayores,
era cuando las contaba
que en Rucandio
solo había dos televisores
el del teleclub
y el de mi casa.
Que este segundo era casero,
que nos lo fabricó
el marido de la hermana
de una del pueblo
que vivía en Bilbao
y que por eso no tenía marca.
Esto era verdad.
No hace tanto
todavía he charlado con su hijo.
Dorita.
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