No es verdad
que el tiempo todo lo cura.
En mi caso,
tengo más presente a mi madre
que cuando estaba viva.
Ya han pasado
más de cinco años.
Lo que sí ha cambiado
es el no sentirme
eternamente
interrogada por ella
y esto me da Paz.
Me permite analizar en perspectiva
lo vivido con ella
y lo que sobre ella sé
sin haberlo vivido.
Me permite,
sin lugar a duda,
hacerla justicia.
Quererla con intensidad
y con infinita dulzura.
Sin las interferencias
de juicios intimidatorios.
Dorita.
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