El refugio,
de sentirme amada,
solo duraba la vacaciones.
Para más inri,
todos los miembros del clan
entregados de forma desaforada
al trabajo.
En el campo y vendiendo.
La vuelta a la ciudad...
libertad unida inseparablemente
a un soledad desgarradora
que me iba poco a poco desangrado.
Dorita.
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