Habiendo mi abuela nacido
Quintanaopio pero casada en Rucandio
se veía el matrimonio obligado
de ir con caballerías a cultivar
parte de las tierras a dicho lugar.
Mi abuelo Francisco cayendo en la cuenta
que un cerezo nunca daba frutos
advirtió a mi abuela que si aquel año
ocurría lo mismo lo talaria.
Por convicción y cultura,mi abuela
el siguiente domingo de Ramos,
con el trozo de laurel bendecido
entre sus manos,
viajó a su lugar de origen
le coloco la ramita de olivo
y le dijo así:
"Cómo después de esta bendición
sigas igual serás talado".
A partir de aquel año,
y mi abuela era joven,
no dejó de dar frutos en abundancia
hasta que murió su ama
a la edad de ciento tres años.
Después no sé
porque no he vuelto a visitarlo.
Dorita.
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