Y quien me iba a decir
cuando a los nueve,
separada de mis padres,
de Rucandio a Valladolid
fui a un internado a vivir...
que allí
en aparente fin del mundo
iba yo a fraguar mi esencia
y ese aroma
rociar mi vida entera
y hasta no desear
de dejar de continuar enseñando.
Hilo de oro conductor
que logra
que siga viviendo con pasión.
Dorita.
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