sábado, 2 de mayo de 2026

Vera,la perra de un vecino.

 Cuando la adoptó 

ladraba desaforadamente a todos.

Era imposible acercarse a ella.

Cuando me hacía la tonta

y a pesar de las advertencias

hablaba con normalidad a su dueño,

escondía el rabo entre sus patas

y se colocaba pegadita a la única persona 

en la que confiaba.

Han pasado ya casi cinco años

y a día de hoy se deja acariciar con cariño

y placer.

Últimamente la doy

el pequeño bizcocho 

que me colocan al lado de mi café 

descafeinado,

no solo me demuestra ternura 

sino que me mira con ojos suplicantes

para que ni se me pase por la cabeza

comérmelo.

Su dueño me mira con desaprobación.

No quiere azúcar para el animal.

Pero yo creo que ese lazo 

creado entre nosotros 

prolonga la vida de Vera.

Dorita.

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