Corroída por lapas
y salitre.
Encallada,
a la intemperie.
Azotada
por la mar embravecida.
Se abandona,con gusto,
a otros reinos.
Los que se acercan
buscando su cobijo.
Sus paredes,
en un acto insólito
de entrega,
dejan de serlo,
se ablandan,
se solapan.
Se solapan
con seres construidos
a sí mismos.
Seres que no necesitan
del hombre
para mostrar su elegancia,
su grandeza
y una perfección inusitada.
Dorita.
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