Un Papamoscas
real,
auténtico y amarillo
se metió en la Catedral.
Quería saber
el muy pillo
que tenía,
como era
el que todos admiraban,
el que no tenía igual.
Le llevó
edades sin término
recorrerse las capillas,
acabó
en la del Santo Cristo.
Decepcionado,
dispuesto estaba
a marchar.
En el instante final,
escuchó
a unos muchachos:
"el Papamoscas va a empezar".
Al ver nuestro pajarillo
lo que el autómata hacía
y al escuchar el sonido
que de la campana salía
su decepción
fue mayor.
Examinó
aquel monstruito
con muchísima atención.
Decidió
escaparse al bosque.
Allí,
entre las ramas más altas
de un gigantesco roble,
Una linda muchacha
con su arpa,
a su amado Enrique
bellas canciones
cantaba.
Dorita.
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