El paraíso
de los árboles.
Gallinas
cacareando por las calles.
Perros sueltos,
mirándome a la cara,
esperando un poco de mi merienda.
Abrevadero
cuajado de renacuajos,
mis barcos de papel
navegando sobre él.
El trillo.
Con las candejas,
recogiendo boñigas.
Se lo llevó la meseta.
El tren,
de vuelta a la montaña,
se olvidó de cargar al Edén.
Existe.
Se perdió.
Me paso la vida buscándolo.
Dorita.
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