En algunos lugares,
solo se mascan
sueños rotos.
Al llegar la noche,
el cielo estalla
cuajado de estrellas.
No se emocionan los cuerpos.
No causan asombro.
Ni recuerdan a la mujer amada.
Ni entran ganas
de que el verano llegue,
tenderse en las eras y disfrutar
de ellas.
Para muchos,
solo queda la esperanza
de que la trascendencia exista.
Que todo no acabe
entre bombas
preguntándose....
porque les ha tocado a ellos.
Dorita.
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