No sé porque
hay días,
como hoy,
mis movimientos
al son de la música del viento.
La Peña,
dejando la sonrisa,
se arranca a reír
a carcajada limpia.
Amigos y extraños
no escatiman
un sincero buenos días.
Hasta quien me sirve el café
se toma su tiempo
acariciando la cucharilla
y buscando cuidadosamente
el azúcar moreno
que sabe me gusta.
Dorita.
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