Por amor, ya,
ni se muere
ni se mata.
Esas pasiones,
que parecían eternas,
han quedado diluidas
pero no con agua fresca.
Las tragedias,
que no faltan,
no tienen nada que ver
con Skespeare o Espronceda.
Tienen más que ver
con cloacas malolientes.
Con la sangre del poder,
con la sangre del dinero.
Las puntuales,
que los libros relataban,
son hoy universales.
Más rápidas
que los tornados,
no nos dan sosiego
para en puridad
reflejarlas
en los medios.
Dorita.
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