Lo prometo,
odio la mentira.
Lo que me ocurre
es que no sé contar las cosas
de forma lineal,
mejor dicho
como realmente sucedieron.
Ya desde el comienzo
se empiezan a colar
adornos y situaciones
con las que se deleita
mi imaginación.
Esto no mejora.
Voy a tener que tomar
la sublime decisión
de aferrarme al silencio.
Otra opción...
advertir a quienes me escuchan
que no me hagan caso,
que casi todo lo que cuento
es fruto
de una desbordante imaginación.
Dorita.
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