Sobre la pradera,
el día se había ido templando,
la gente disfrutaba
de los cantos y música de la tierra.
Nada de estridencias.
Suaves melodias
y esas canciones de siempre
que de tanto ser oídas
se han vuelto sublimes.
A la Virgen del Mar
toda la ciudad se entrega,
en sus brazos descansa.
La Madre eterna de Santander.
Y está sensación
se siente,se palpa en la pradera.
Quiso Nuestra Señora
que un día que amenazaba lluvia,
en una delicia primaveral
se transformara.
Dorita.
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