Sobre un 🪵
que parecía albergar
los más intricados
secretos terrenales,
decidió
una lagartija aposentarse.
A su aire la gente,
paseando.
Con un arranque de osadía
le hice tanta compañía
que faltó poco
para con mi móvil
su carne acariciar.
Sobre laminar testura,
con la energía de un sol radiante
y la humedad del reservorio evaporándose,
solo infundía ternura.
Por en el séptimo cielo encontrarse,
ningún humano logró
hacerla
que su ala ahuecase.
Dorita.
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