Primero pasaré
por Torrevieja pero ...
mis mejillas y pensamientos
ya andan deleitándose
con los amaneceres de Rucandio.
No son calurosos sino suaves.
El vientecillo acaricia a los pájaros.
Bajo su influencia se arrancan
con un sinfín de conciertos.
Cuando sin desayunar,
mi cuerpo sabe
que en cualquier momento
y en cualquier lugar
quedará satisfecho,
me deslizo por la carretera
que desemboca en las pilas
siento sobre mí cabeza
a las juguetonas golondrinas
ir y volver a sus nidos
en los aleros de la casa
de la señora Faustina.
Son muchas.
No muy ruidosas pero...
se hacen fuertemente notar.
Y así con estos y otros pensamientos
ya ando disfrutando
del recién estrenado verano.
Dorita.
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