Conviven silenciosos.
Escondidos en la niebla.
Sin apariencia
en la noche.
Sin respuesta
en las estrelladas noches de verano.
En el profundo pozo,
en el abismo ayudan.
Se hacen acogedores y amables.
Escurridizos.
Innombrables.
Ni son lo que aparentan,
ni aparentan
lo que quizás sean.
Equilibrio
en lo que para mí
es inestable.
Dorita.
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