Después
del paseo,
sosegada mi mente
y ensanchada el alma.
Ya un poco cansada,
allá en la lejanía
se alzan
con sus copas como ofrendas.
Regalo para los ojos
que al horizonte miran.
Inmensa plenitud
que no descansa.
Visión angelical
que la armonía alcanza.
Dorita.
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