El hijo de Flor
anda con muy malas pulgas
y no es para menos.
En su día
Flor y Cándida
permitieron a Agapito
ocupar temporalmente
un terreno
propiedad de su familia y el susodicho
a partes iguales.
Resultando que Agapito
considerándose dueño y señor
no solo de este solar
sino de la eternidad
jamás quiso de allí volar.
Tribunales de por medio
queda claro y evidente
que Cándida y Flor
tenían y tienen razón.
Y vuelta a la apelación
y la deuda de Agapito cada vez asciende a más.
Al susodicho
le llegó el día final.
Ahora los descendientes
el tema han de afrontar.
Pedro ha puesto un cartel
anunciado que allí
un jardín se ha de plantar.
Yo me apunto a tal idea.
Un árbol mío allí estará.
Dorita.
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