La sangre
de esta tierra
que el cristal destila.
Carmesí inmaculado
de vida consagrada,
con la prudencia justa
de un alma encandilada.
Fragancia de frutas y de rosas
que van juntas creciendo
sin la conciencia
del día de la gracia.
Se entregan dulcemente,
ternura
derramada.
Dorita.
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