Que no es
esperar la muerte.
Preparar la vida es.
Por eso
el ejercitar los ojos
viendo dentro de las hojas,
de las flores...
de ese agua
cristalina y caprichosa
que tiene a bien encerrar
la memoria
de tu ser
y al mirar
y al contemplar
comienza
ese diálogo interno
que lejos de ser extraño
nos resulta tan cercano
que fácil adivinamos
que eres tú mismo
el que desde dentro
le anda hablando
al viajero.
Dorita.
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