Mi infancia
marcada por ella.
Lo que recuerdo
es la angustia permanente
ante la hipotética posibilidad
de cometer pecado.
Hasta los cuatro años
me había negado a hablar.
Una ancestral tradición
logró sacarme de la mudez.
Metieron en mi boca
una trucha viva.
Ni sé
como tras ese estado
de ansiedad constante
he logrado
llegar hasta aquí.
Y ahora
disfrutar cada día de la vida.
Dorita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario