No juzgo lo que hago.
Ni se me ocurre.
Hago
lo que buenamente creo que debo hacer.
Si entrara en el juego
de juzgarme
no podría vivir.
Sobretodo
si empiezo a pensar
sobre lo que en su día
me metieron en la cabeza
que se podia,
o no se podía hacer.
Dorita.
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