Al son del viento y del agua,
siguen bailando.
Las resilentes,
las verdiamarillas,
sobre los cuasidesnudos álamos
se dejan
mecer por las ramas.
Parecen ser acunadas.
Quieren provocar
un sueño,
antesala
al sueño eterno,
que hagan llevadera la entrega.
El día
se queda triste,
anda lloriqueando.
Dorita.
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