Os habéis impuesto,
en el barrio,
como una piedra en el zapato.
Que molesta
dando guerra.
Me paro sobre el solado,
me descalzo y busco
donde está la puñetera
que me anda haciendo
tanto daño.
Lo mismo ocurre
con vosotros.
Todos andan alarmados.
Con osadía y el descaro
habéis atropellado
a propietarios y extraños.
Pues nada,
con esta manera obtusa
de machacar,
de alterar la vida en nuestro refugio y descanso,
tenerlo por seguro
que más tarde o más temprano
tendréis que ir dando cuenta
de todo lo acontecido.
Y tal vez un buen día encontraros
en un lugar no elegido.
Dorita.
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