No había coches en Rucandio.
Mi padre quería una moto.
Mi madre juiciosa dijo:
"Cuando junte el dinero
te compro un coche".
Llegó un dos caballos al pueblo.
Lo dejaba dormir mi padre
debajo de una nogala
que aún existe.
Mi hermano había observado
sobre la forma de arrancar y parar.
Esto ocurrió a sus cinco años
y a mis siete.
Mientras mi padre dormía la siesta,
mi hermano me comunicó
sus intenciones.
Bajé la calle de la Iglesia,
detrás de él,
llorando como una Magdalena.
Dicho y hecho ...
lo arrancó y bajó hasta las pilas de lavar
la ropa.
Allí paró y lo dejó.
Yo ,por supuesto,
no me monté.
Llorando detrás de él hasta que paró.
Tampoco trascendió
puesto que el niño estaba perfecto
y el automóvil también.
Dorita.
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