sábado, 24 de mayo de 2025

El Citroën dos caballos

 No había coches en Rucandio.

Mi padre quería una moto.

Mi madre juiciosa dijo:

"Cuando junte el dinero 

te compro un coche".

Llegó un dos caballos al pueblo.

Lo dejaba dormir mi padre

debajo de una nogala

que aún existe.

Mi hermano había observado

sobre la forma de arrancar y parar.

Esto ocurrió a sus cinco años

y a mis siete.

Mientras mi padre dormía la siesta,

mi hermano me comunicó

sus intenciones.

Bajé la calle de la Iglesia,

detrás de él,

llorando como una Magdalena.

Dicho y hecho ...

lo arrancó y bajó hasta las pilas de lavar

la ropa.

Allí paró y lo dejó.

Yo ,por supuesto,

no me monté.

Llorando detrás de él hasta que paró.

Tampoco trascendió

puesto que el niño estaba perfecto

y el automóvil también.

Dorita.

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