Uno está solo.
No cabe de esto duda.
Un buen día
en la trágica soledad desesperada,
al borde del abismo
ya no esperando de la vida nada
sale uno a la calle
por no quedarse
eternamente
entre las cuatro paredes de la casa,
empieza a encontrarse con los hombres
y al mirarlos desde fuera
se empieza a dar cuenta
de cuanta semejanza,
de cuanta miseria y grandeza
y al volver de nuevo a la morada
se pregunta
si todos esos hombres
no serán uno mismo.
Dorita.
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