Nada ha permanecido estático.
Los que ya llevamos
en nuestros Julios
intercambios de múltiples impresiones
los reencuentros...
grandiosos.
Treinta años
no son nada.
Miradas cómplices,
profunda alegría de volver...
a la playa de los Náufragos.
Por lo demás...
expectación en la urba.
¿Quiénes habrán comprado
los bajos que fueron bares,
por cierto que nos hacían insufribles
el tan deseado descanso,
hoy viviendas de extranjeros.
Expectación...
para nada miedo.
Aquí convivimos
ciento veintitres nacionalidades
y como si tal cosa.
Los nacionales chapurreamos idiomas
y los que llegan se esfuerzan
para hacerse entender.
Yo solo sé
que vuelvo renovada.
Dorita.
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