Coplas
llamadas por mi abuela.
Marcaron mi infancia.
Con todos los aderezos
e ingredientes.
Hasta quien las narraba...
ciega.
Que no de nacimiento.
Golpe en el nervio óptico.
No detectado a tiempo.
Quedó todo grabado
más en mi corazón
e intelecto que en ningún otro
lugar.
Me previno.
Demasiado.
Tanto que marco el trato
con esa otra parte de los humanos
que me complementan.
Dorita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario