Saliendo de Poza de la Sal,
dejando a mano derecha el castillo
y ascendiendo por esa carretera
de cabras hasta llegar
a la general que te lleva a Burgos
te golpea fuertemente un monasterio
abandonado.
De esos que hasta en ruinas
rezuma explendor.
Me estoy acordando de él
estando aquí junto al mar
de Torrevieja.
Es una de esas imágenes
que no se escapan de la memoria.
Mi caprichosa mente
se regodea en imaginar
toda clase de escenarios.
Aún no entiendo
como algún cineasta
no lo ha introducido
en una historia de altura.
Dorita.
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