sábado, 4 de marzo de 2017
Soy prestidigitador.
Estoy cansado.
Ya no disfruto.
La magia me ha abandonado.
Cuando levanto
el sombrero,
solo sale
una sombra.
Al abrir mi mano,
hay estrellas incoloras.
Solo yo
las puedo ver.
El público, decepcionado,
dice que soy
un mal mago,
que soy...
un mago frustrado.
De mi pañuelo,
en vez de una paloma
blanca,
sale un ratón
amarillo,
que solo provoca
chillidos.
Nadie
me aplaude.
Me retiro,
en soledad,
a escuchar al viento silbar,
a las olas
-del acantilado-
bramar.
Por las noches,
sobre la arena,
contemplo
las estrellas brillar,
-las que todos
ven brillar-.
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