Todas las vidas
son farsa,
comedia,
teatro
hasta que el comediante,
por diversas
circunstancias
de la vida,
es consciente
y empieza
a no disfrutar
de los ropajes,
a encontrar
las costuras,
los colores estridentes
y hasta algún roto
que otro
en la textura.
En ese instante,
no digo
que el comediante
esté salvado.....
solo un trozo
de madera en el océano
al que agarrarse puede.
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