martes, 2 de mayo de 2017



Recuerdo

que en una ocasión,

le dije

a una señora

que el problema

de su hijo

no radicaba

en su inteligencia

sino...

en ser "flor de invernadero".


No hubo

segunda intención.


Tan solo

la pretensión,

de hacer poner

en valor

que no había

que proteger

hasta la exageración.

La cosa

llegó

a tal grado

que al coincidir

en el supermercado

me  espetó

a bocajarro

que aquellas palabras

jamás

me las perdonaba.

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