A la taciturna mirada,
que muy lógico sería
llevarla en la cara colgada,
la destierro.
Cargada de incomprensión
por las terribles actuaciones,
que en mi país se practican,
me entran ganas de llorar.
Si con ello lograra
revertir esta horrenda y repugnante
situación, lloraría.
Lloraría sin parar
hasta ver mis lágrimas
desembocar en el mar.
No es el caso.
Si permito a la amargura
colarse por las ventanas,
yo quedaré exiliada.
Por lo tanto,
a tientas y anonadada
vivo esperando un futuro mejor.
El pasado ya lo ha sido.
Dorita.
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