El furioso viento,
tras la tormenta.
Más de uno queda
desolado,
sin aliento.
Contemplando
su maltrecho velero
o su patilifuso alero.
Se esfuma
la malquerida niebla
que hace temblar a nuestros huesos.
Al retirarse nos deja
una tarde
preparando el paseo.
Los años
nos dejan su scoby.
Del que ya quisieran poseer
quienes gozan
de sus tiempos mozos.
Los seres queridos
también nos dejan.
Al irse en los recuerdos resucitan.
Para nada unos extraños.
Nos dejan inmateriales regalos.
Todo el amor que nos han dado.
Dorita.
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