Ojos
sin el brillo
del mar embravecido.
Ni falta que hace.
Rostro
sin la perfección
de un valiente Dios griego
que un día tuvieron.
Ni falta que hace.
En palabras,
miradas y sonrisas,
la calma,
el sosiego
de haber digerido
lo vivido.
Paz y sosiego
de quien aún
continúa en el camino.
Dorita.
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