Meten sus narices
en todo.
Confunden
olores con sabores.
Imaginan....
enormes sinsabores.
Se lanzan al ataque
creyéndose salvadores.
Provocan tal caos
entre los afectados por sus tropelías
que uno acaba por decir
que Dios me libre
de semejantes metiches.
Dorita.
Dorita.
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