Andan los mirlos
picoteando
sobre el césped.
Ajenos a las tormentas,
sin miedo al pedrisco.
Al pie de la montaña,
siguen los grajos gozando
de esta mañana
templada de primavera.
Lejos los tiempos
cuando los pájaros
huían de los humanos.
A mí paso por la campa,
ni siquiera los gorriones
alzan su mirada.
Dorita.
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