Salió a pasear
la sonrisa
en busca de la alegría.
El día estaba lluvioso,
la tormenta amenazaba.
No quería
bajo un árbol refugiarse
por si un rayo
la rajaba.
Estando en verano,
de ninguna manera
un catarro asegurado.
Sola en la pradera,
se acercó a un acantilado.
Allá a lo lejos,
sobre ese lugar
donde el cielo
a la tierra besa ...
justo allí
un arcoiris gigante
en un mar embravecido.
Sintió las caricias
y un abrazo
que la dejó sin sentido.
Dorita.
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