Andan los cerezos
despojados de sus hojas.
Las que de rojo vistieron
esos sus cuerpos de plata.
Se quedan desabrigados
pero la luna los mira.
La luna los anda mirando.
En los campos,en la montaña,
no hay dolor;
la nieve anda barruntando.
Las envolventes nieblas
gozan de este tiempo extraño.
Ya se avecina el invierno
cuando los pájaros no cantan.
Solo los osados grajos
picotean aún sus pasas.
Ahora,toca la espera
de una nueva primavera.
Dorita.
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