Ayer murió fulanito.
Tristeza y ternura
a partes iguales.
Una vida casi desastrosa.
Mirándolo bien
todo fue debido
a la ausencia de educación.
No era mala persona
y su corazón se enternecía
ante los excluidos.
Al final....
solo.
Repudiado hasta por los suyos.
Como no iban a mirar esos hijos
de reojo a un hombre
que arrastró a su madre
por la carretera.
¡Era suya y de nadie más!.
El terminó...
por no ser de nadie.
Ni de las tierras
que con obsesión se dedicó
a atesorar.
Hijo único.
Heredero único
resquebrajando todo lo que
a su paso encontró.
Lo van a sentir
esos perros abandonados
que llevó a Rucandio
y que gozaban del cariño
de quienes
en algún momento del año
por allí nos dejamos caer.
Mucha ternura
hacía este ser
que tuvo que lidiar
con la desgracia
de haber sido idolatrado
y no educado.
Dorita.
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