Allá,
en el páramo,
en lo más alto
del puerto,
se encuentra
solitario
un gran espino.
De formas
aguerridas,
sinuosas,
acoplando
su desarrollo
a la dirección
de los vientos.
Mostrando
firmeza
y desafío.
Una belleza
que supera
al resto de los árboles
por mi conocidos.
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