El árbol,
no se desternilla
de risa
en la primavera,
cuando
se puebla de flores
y de hojas.
No se vanagloria,
no se enorgullece,
no se ufana
despreciando
a sus compañeros
o midiéndose con ellos.
No deja caer
lagrimones,
cuando
los rigurosos fríos
del invierno,
le van despoblando
de todas sus riquezas.
O cuando , al fin,
contempla
su cuerpo
esquelético.
El árbol,
estoicamente,
sin el menor quejido,
espera paciente
la llegada.....
de una nueva primavera.
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